viernes 10 de julio de 2009

Reflexiones a partir de Postpoesia: hacia un nuevo paradigma de Agustín Fernández Mallo en Rdl



Reflexiones a partir de “Postpoesía: hacia un nuevo paradigma”, de Agustín Fernández Mallo
Por Jordi Corominas i Julián | Crónica | 7.07.09


Postpoesía: Hacía un nuevo paradigma. Agustín Fernández Mallo
Anagrama (Barcelona, 2009)

“Los límites de tu mundo son los límites de tu lenguaje”
(Ludwig Wittgenstein)


Esta historia va de cronologías. Hace cinco o seis años leí Homero, Iliada del sobrevalorado Alessandro Baricco. Sentí una profunda decepción. Centraba su planteamiento en humanizar el relato épico de la guerra de Troya liquidando de un plumazo toda la ardua tarea de los Dioses. Su postura se justificaba desde la accesibilidad al lector contemporáneo. Olvidaba, por educación y cinismo, mencionar las palabras clave del asunto: banalización cultural.

Virgilio, por pasar de lo griego a lo romano, no se sentiría incómodo en la poesía contemporánea. No hay divinidades y sí muchos monstruos, figuras monocordes que repiten la misma melodía desde la noche de los tiempos. El martes pasado me invitaron a participar en un recital poético. El susto fue antológico. Unos jóvenes veinteañeros con mucho ímpetu y más ego hablaban del verso desde una perspectiva desfasada, insistiendo sin cesar en la importancia de recitar para mantener viva la llama lírica. Respeto todas las opiniones, pero mi semblante fue agriándose a medida que avanzaba la velada, extraña mezcla entre reunión vecinal y desbarajuste alicaído de bachiller sabiduría. ¿Cuál es la idea poética? Estupor y escozores. La situación adquirió tintes espinosos cuando inicié la lectura de una de mis suites poéticas. Sus rostros eran de condena, parecía haber violado a una virgen en el templo. Aguanté el vendaval, reí para mis adentros y, ya en el metro, concluí que la diferencia no era de estilo, sino de grado y evolución poética. Ellos seguían anclados en la corona caída en la calle, yo avanzaba hacia otro paradigma. Ruinas romanas versus yacimientos rumanos.

Como cualquier escritor soy un poco egocéntrico, negarlo seria absurdo. Sin embargo, creo que la paciencia adquirida con la experiencia me ha dado aquello que solemos llamar conciencia. Hará casi dos años sufrí como un animal. Llegué a un límite narrativo en lo real. Me salió una erupción cutánea, no podía ser de otro tipo, en el tobillo y pasé varios días en Roma con gripe, fiebre y sudores fríos. Durante tres meses pené por las calles. Apuntaba charlas ajenas, pensamientos propios, diálogos de bar y ocurrencias varias que me daba el espacio público. Pensé en la simultaneidad como única forma posible de captar la realidad en estado puro. El resultado, que espero vea la luz en un plazo relativamente breve, fue Paseos simultáneos, suite poética de 130 poemas que durante una temporada presenté a amigos y conocidos. Los más sagaces la aplaudieron, los conservadores me tildaron de loco. Jordi, fumas demasiado. Seguí esa senda y amplié su vendaval con experimentaciones que iban más allá de la poesía partiendo de la misma. Música, armonía, simbolismo y experimentación. ¿Qué sentido tiene seguir lo clásico si lo percibes obsoleto?

Hace poco más de un año, no me gusta tanto repetir un vocablo en un mismo texto, di con Agustín Fernández Mallo. Nocilla dream fue una constatación de seguir el camino correcto, una iluminación fragmentaria que apuntaba viejas melodías ya conocidas desde lo beat y la América de los sesenta. Nocilla experience atenúo el impacto pero me reafirmó en la idea de no perpetrar ningún crimen desde la libertad, apoyo básico donde sostenerse en un mundo tan complicado como el de la literatura.

En abril, ¿o era mayo?, leí en el periódico que el primer Fernández, el otro es barcelonés y escribe como los ángeles, había quedado finalista del premio Anagrama de ensayo. Pedí el libro y hasta ayer, 2 de julio de 2009, tuve miedo de abrir la primera página. Hacerlo fue terapéutico.

No creo en la muerte de la novela, no creo en las escuelas literarias, no creo en los modernos ni en Dios, y en ocasiones tampoco creo mucho en mi persona. No creer es expandirse hasta poder abarcar parte del universo porque no te atas a ninguna visión predeterminada. La poesía se ha mirado demasiado su ombligo, creyéndose una cúpula dorada de Santa Sofía cuando sus pies son de barro frágil y moribundo. Cuando me preguntan cuales son mis poetas favoritos respondo The Beatles, Joan Salvat Papasseit, T.S. Elliot y Federico García Lorca. Este último fue un innovador que pudo alternar lo tradicional con una modernidad muy suya que quizá hubiese encontrado verdadero acomodo en el teatro, si bien nadie puede desdeñar la absoluta grandeza de Poeta en Nueva York como obra revolucionaria en el panorama lírico de nuestro país. Los tres primeros fetiches de mi colección fueron grandes al cavar la tumba de la tradición y renovar sus géneros con maestría.
The Beatles, sobretodo entre 1966 y 1969, fueron un grupo pop devorador, insaciable ante la novedad y las posibilidades que les ofrecía su arte. George Harrison introdujo la instrumentación hindú y el sintetizador moog, John Lennon compuso letras delirantes de gran calado poético y jugó con la música clásica dentro del pop, factor donde fue superado por Paul McCartney, quien además se adentró en parámetros melódicos que rompían con el axioma de la canción de tres minutos mediante enlaces. El grupo en general se caracterizó por su heterogeneidad sin tapujos ni fronteras, centrándose en su glorioso periodo final en la experimentación en el estudio dos de Abbey Road. ¿Pop? El pop puede ser todo. Explicar su importancia, merecería un artículo aparte.

Joan Salvat Papasseit ha sido y será el mayor poeta en lengua catalana. Su arrojo juvenil le permitió crear poemas vanguardistas con influencia francesa, obras donde el caligrama, la fotografía y las luces de neón no estaban reñidas con el verso; T.S. Elliot y su Tierra baldía son un prodigio de léxico sublime y estructura superior al mero arte poético. Si me apuran, incluiría en mi elenco a Michelangelo Antonioni, hombre que desde el cine supo captar los recovecos de la cotidiano destrozando el aburrido proceder del celuloide basado en bandas sonoras de emoción y tramas obligadas a introducción, nudo y desenlace. Adaptó el cine a los parámetros de la novela moderna de principios del siglo XX, casi nada. Sebald y su negación del punto y aparte con fotografías, Warhol y su reproducibilidad, Picasso y la versatilidad, Casanova y su pluralidad denostada. Falta un largo etcétera. Un largo etcétera.

Ir más allá de

Estamos en un mundo transversal, transnacional y, si me apuran, transexual. Todo trans. La poesía española, la de grupillos y camarillas, no ha entendido el mensaje. Se ha quedado postrada en su balancín estático. Tiene las puertas abiertas para progresar y se empecina en un plano fijo que ahuyenta al público y desilusiona a quien espera avances, coto privado de las máquinas tragaperras. Hasta la monarquía ha evolucionado más. El arte contemporáneo se caracteriza por no ceñirse a un solo ámbito expresivo, paganismo del dos mil, neoplatonismo válido para nuestra era, el uno es todo, el todo es uno. El lector pensara que no he dicho nada del libro del gran gallego licenciado en ciencias físicas. Lo que plantea en su ensayo es el eterno debate de superar la tradición o aprovechar sus mejores armas adaptándolas a la (pos)modernidad. Nuestra época fluctúa, es inestable y perecedera, como todas. Nuevos formatos entierran los viejos como nunca antes sucedió. La publicidad avasalla y encandila con sus creaciones, las avenidas urbanas respiran logos, lemas, emblemas y bella fealdad, concepto decisivo si se quiere abrazar la totalidad que nos proporcione la realidad en sentido completo.

No olvidéis la red, estáis leyéndome en su interior, ni los nuevos formatos tecnológicos.

Mi mente enfermiza dice que el texto se siente incompleto, así que quizá convenga apuntalarlo con un último pensamiento. Cuando van a tomar una copa y son escritores pueden toparse con una mayoría de individuos que les abrume con preguntas sin pies ni cabeza. ¿Qué escribes? ¿De qué escribes? ¿Tarda en llegar la musa? ¿Estudias o trabajas? ¿Eres del Barça o el Madrid? ¿Macarrones o Spaghetti? ¿Apostrofado o espachurrado? ¿Eres original? Damos demasiada importancia a querer ser originales cuando la cuestión se limita a buscar desde la multitud de fuentes que tenemos a nuestro alcance. Bebamos de todas las aguas, juguemos con ellas y quizá encontremos la novedad sin la pretensión de ponernos el laurel, frágil y caduco. Pensemos en presente.

“Mientras los artistas radicales buscaban el regreso a un lugar originario, los artistas radicantes están en el camino, sin lugar al que regresar”
( The Radicant)


Ps: Este texto nació como reseña al libro mencionado a lo largo del mismo. Algunos no lo ven así. Les diría que tampoco lo juzguen como si de un manifiesto se tratara. Esta nota es algo excepcional. He recibido felicitaciones de los que sé que me entienden y de gente desconocida, que también ha cargado duro contra reflexiones a partir de...por sus comentarios siento cómo si sintieran rabia ante la posibilidad de romper barreras. Y me duele, porque noto una incomprensión irracional.

Jordi Corominas i Julián
http://corominasijulian.blogspot.com

miércoles 8 de julio de 2009

De quinquis y borgataros en Calidoscopio


Marginalidad social en el Mediterráneo



Por Jordi Corominas i Julián


Start. En una Barcelona en la que vivo y no, varias personas dirimen una endiablada persecución a la americana, ya lo dice la señora del negocio. 1984 sin Orwell. “Esto parece Chicago. Oí disparos y mucho ruido, no sabía si eran ambulancias o coches de la policía”. Por aquel entonces los vehículos de los cuerpos de seguridad estatales eran patéticos, identificación y blanca carrocería. Todo era muy celtiberia show, últimos reductos de la picaresca adaptada a la modernidad antes de sofisticarse en corrupción a mansalva, Marbella, pelotazo, ladrillo, traje, Copa América, Cristiano Ronaldo y pandereta. El protagonista de este filme de la vida real se llamaba Juan José Moreno Cuenca y España entera siguió sus delitos. El vaquilla y la unidad de destino en lo universal. Sí, Franco tiene mucho que ver en la proliferación de elementos marginales, desechos sociales producto, entre otras cosas, de una mala planificación urbanística de mucho prometer y dar migajas en forma de casa, miserables habitáculos en nuevos barrios creados en la frontera de las ciudades, mundos sin horizonte que llenarían el vacío con delincuencia, heroína y una épica desesperada, mortal por querer sobrevivir.
No quiero ejercer de hagiógrafo de la miseria, de ello se encargan las instituciones. El lector que acuda a Barcelona podrá ver en el innovador CCCB la exposición Quinquis de los ochenta, muestra brillante que vuelve a poner, como si fuera una advertencia ante futuros comportamientos críticos, de moda el fenómeno que asoló la juventud que despidió a la dictadura y entraron perdidos en la democracia. No todas las herencias son fáciles de sobrellevar. No se extrañe si usted o sus allegados no han visitado El pozo del tío Raimundo o Santa Coloma. La culpa es del mito. El extrarradio es peligroso. Mejor no tentar a la suerte. San Blas y La mina.

Una explicación italiana

Para entender mejor la cuestión volemos a Italia. Retrocedemos cincuenta años. Benito Mussolini arde en deseos de convertir Roma en la gloriosa capital del imperio redivivo. Para cumplir con su plan derriba los barrios medievales colindantes al Coliseo y hunde en mil pedazos el laberinto callejero que daba acceso al Vaticano. Alberto Sordi, quien aún vio esa maravilla vecinal vivita y coleando, decía que su belleza consistía en recorrer sus caminitos con la conciencia de saber que al final del túnel aparecería la mayor basílica de la cristiandad. Ahora el turista la ve a lo lejos; por aquel entonces te la encontrabas de repente, sin avisar, como una digna bofetada estética. Olvidemos la postal. Los habitantes de esas zonas de la capital italiana fueron trasladados a la periferia, donde el siempre generoso Estado les preparó un nuevo hogar con todas las carencias imaginables. ¿Agua, luz, gas? Eso era para los ricos. Las calles estaban sin asfaltar y las comunicaciones con el centro histórico, su antigua morada, eran más que inexistentes. Los ghettos del fascismo generaron núcleos de violencia, vidas truncadas y un resurgimiento cultural por obra y gracia de Pier Paolo Pasolini.
El escritor friulano fue expulsado de su tierra natal y llegó a Roma en 1950. Era año santo, y la urbe estaba preciosamente engalanada para tan magna ocasión. Los fastos son de quien paga, el disfrute se reparte con migajas del pastel. El poeta y su familia vivieron en casuchas sin techo y padecieron el infortunio junto a otras víctimas del ostracismo, los hijos de los que en los primeros tiempos de camisas negras dieron con sus huesos en la podredumbre marginal, el tercer mundo del primer mundo, cercano a las ventajas convencionales y alejado en todo a un estilo de vida reservado a seres que empezaban a acariciar las consecuencias del boom transalpino, que basó parte de su éxito en el ladrillo, muy útil para subsanar las ruinas de la Segunda Guerra Mundial y especular con el suelo, sumamente democristiano.
Es la época de los grandes bloques de pisos, el momento de nuevas divisiones que ceñían Roma entre el cielo y el infierno. El paraíso era para los que recibían educación y aprovechaban la bonanza económica para trabajar. La puerta del Hades estaba reservada a gente sin recursos ni estudios, pobres almas perdidas vetadas a la normalidad aunque dotadas de la ingenuidad no corrompida por la homologación burguesa que afectó a Italia durante la década de los cincuenta, cuando la mayoría de italianos dejaron el traje paisano para lucir corbata y maneras burguesas. Gérmenes de Berlusconi, cinismo de poder en el gran engaño del rebaño popular.

Los chicos de la barriada preferían bañarse en el río, robar bolsos, atreverse con las chicas y buscar comida con ahínco canino. Las drogas aún no eran un problema, y hasta puede sorprendernos que Pasolini suscitase escándalo con sus novelas Ragazzi di vita y Una vita violenta, obras que más que delincuencia exhibían las penurias de un universo desconocido por indeseable e ignorado para no carcomer conciencias de clase media. Ese era el efecto, y el cine tomó nota. Entre 1953 y 1962, de Ai margini della metrópoli a Mamma Roma, el séptimo arte transalpino plasmó en una decena larga de cintas los males de los desfavorecidos. Muchas de estas producciones juegan con la lágrima fácil o la espectacularidad. Jóvenes guapos y chicas estupendas llenan la pantalla, como sucede en La notte brava, historia del desguace con ribetes de esperanza donde Pier Paolo Pasolini jugó un papel esencial, hecho que se repite en gran parte de las películas de este subgénero, pues para muchos de sus realizadores el poeta de Le ceneri di Gramsci llevaba en su interior el misterio del suburbio. Así lo entendió el implicado, quien después de ayudar a Federico Fellini en Le notti di Cabiria recibió su rechazo cuando quiso debutar en el cine con Accatone, sublime sinfonía fílmica con un asistente de dirección, un joven de veintiún años llamado Bernardo Bertolucci, que recordaba el rodaje como una reinvención del celuloide. No iba muy errado. Pier Paolo Pasolini fue un cineasta excepcional porque en su sangre circulaban glóbulos líricos, cambió de texto sin perder la esencia de lo literario. Su inocencia no fue obstáculo para expresarse desde formas clásicas y revolucionarias.
El poeta amaba a la gente di borgata. No quiso contar con actores profesionales y contrató a muchos de sus amigos de la barriada para que los rostros, fundamentales al ser realzados por múltiples primeros planos, y las interpretaciones fueran verosímiles, factor acrecentado por la excepcional ambientación y el uso de un léxico dialectal impropio para la gran pantalla, jerga lumpen, vocabulario restrictivo a partir del límite geográfico. La moraleja de Accatone indica las escasas rutas hacia la salvación de esos seres condenados de antemano. Vittorio avanza al abandonar su condición de chulo putas y emprender la carrera del anónimo ladrón que finaliza su odisea existencial muerto sin lamentarse. Estoy bien. Última frase de una película que sacraliza la cotidianidad mediante la Pasión de San Mateo, música de iglesia carente de imágenes para evangelizar a los olvidados, bienaventurados de espíritu hacia un metafórico reino de los cielos. Tres lustros más tarde la heroína invadiría las borgate y la ingenuidad se desvanecería ante la lógica aplastante del crimen organizado como forma de victoria para cancelar injusticias. Pasolini fue derrotado por la cronología y el capitalismo.

Sonata española

En 1977 parte de la juventud de nuestro país padecía el caos de lo que ha venido a llamarse la ejemplar Transición. Los nuevos barrios nacidos para albergar la emigración del sur, lo que explicaría el porqué de la rumba como banda sonora de los quinquis, se crearon como una solución inerte, estúpido conglomerado destinado a albergar purria, y ya se sabe que los pobres no viven en palacios ni comen caviar. La mediocre estructura del sistema educativo, que dejaba a muchos niños en edad de escolarización sin plaza académica, y el descuido de las autoridades hizo el resto del camino demencial en el que se vieron involucrados parte de los principales mitos del periodo; la heroína circulaba y ahogaba, en vena. Uno piensa, y no lo dice muy alto, que todos estas andanzas de droga en aglomeraciones sin Pandora huelen demasiado a conspiración, a forma sutil de control ante la rebelión; otra manera de hacerlo fue la fatal elección de determinados directores decididos a recrear la violencia callejera en los cines. Máquina del millón, salas recreativas y atracos sin ton ni son. Los más bien conservadores Ignacio F. Iquino y José Antonio de la Loma y el integrado Eloy de la Iglesia fueron las puntas de lanza del género.

Los primeros buscaban reflejar la sórdida situación de los desangelados sociales, mientras el segundo intentaba ser fidedigno al conocer el ambiente soterrado del relato. Perros callejeros, Las que empiezan a los quince años, Los violadores del amanecer, Nunca en horas de clase, Los últimos golpes del torete, Miedo a salir de noche, Navajeros o El pico eran cócteles explosivos de violencia, sexo, perversión, maldad y otras cosillas que sorprendían a los españolitos de la época, escandalizados y extasiados ante el viento de novedad de estas obras que enseñaban la parte más oscura de la plácida e inestable pirámide ibérica. Estos realizadores, a los que añadiríamos nombres del prestigio de Carlos Saura con Deprisa, deprisa o Pedro Almodóvar con ¿Qué he hecho yo para merecer esto?, abrazaron la chispeante, por tremebunda, estética de lo marginal y le fueron dando una vida que traspasó el mero hecho artístico. Muchos de los protagonistas de estas cintas eran chicos de la calle, quinquis auténticos que a partir de sus interpretaciones deformaron su propio código para darle un toque fílmico. Cuando en 2007 hablé con Roberto Saviano, me dijo que uno de sus mayores impactos en Secondigliano, nido de camorristas napolitanos, fue observar el modus operandi de los delincuentes, más propio de Scarface por atuendos y actitud. En España lo real cedió paso ante la ficción y los delincuentes supieron aprovechar el tirón, y no el del bolso, sino otro mucho más dañino. El vaquilla fue célebre por sus performances ante las cámaras -chute en directo, persecución hollywoodiense- pero el mal no se cebó en las apariciones televisivas. Cuando el crimen adquiere tintes sensacionalistas, los medios sacan petróleo de la tinta. Chicos normales, desamparados por las circunstancias, fueron portada de algunas de las más importantes revistas y rotativos del país. La chabacanización hispánica, la que permite tener a verduleras como grandes tertulianas sabelotodo, se inició en los ochenta y la culpa no fue del pueblo, sino de los que generan y mueven la información, lobotomizadores de profesión que sobredimensionaron el canto del cisne de la picaresca y le dieron carta de defunción para preparar otros deleznables futuros. Stop.

domingo 5 de julio de 2009



Obsesiones, experimentos y buenas noticias: Diario de las especies, de Claudia Apablaza
Por Jordi Corominas i Julián | Crítica | 1.07.09


Diario de las especies. Claudia Apablaza
Lanzallamas Libros (Santiago de Chile, 2008)
Editorial Jus (México, 2008)

Entre los veinte y los treinta años el humano del espécimen narratorus in crecimiento vive una segunda infancia repleta de curiosidad. Aunque nada sea nuevo todo lo es y algunos nombres que salen en las portadas de los libros generan obsesión, una enfermedad que el tiempo cura una vez el estilo se afirma y el aprendizaje prosigue bajo otras coordenadas fruto de asentar ideas y consolidar convicciones.

Claudia Apablaza (Rancagua, Chile, 1978) desborda pasión por la literatura. Tal es su enamoramiento con nuestro arte que confiesa dificultades para desengancharse, para no pensar en otra cosa. Su última novela publicada, que verá la luz en España a principios de 2010, es una prueba fehaciente de su adicción. El tribunal que juzgará su forma y contenido la absuelve de cualquier pecado y le da la bienvenida a bordo.

¿Les suena la expresión “cuaderno de bitácora”? En mi modesta opinión Diario de las especies se asemeja a esos diarios de navegación de los marineros. La embarcación circula por una supuesta red de redes donde la autora de un blog plantea varias problemáticas relacionadas con la novela, temas que trazan un perfil autobiográfico de infinitas voces mediante la inclusión de los comentarios de los visitantes del espacio virtual, que pierde esa condición al estar impreso en papel, transformándose en mero artefacto, forma de formas en el eterno camino hacia reconvertir la novela, género con un diccionario donde no existe definición de límite.

Una traba que todo narrador tiene que franquear es la de la evolución a partir del trabajo. Cuando somos jóvenes queremos comernos el mundo hasta que nos damos cuenta de las barreras que implica la edad. Escribimos relatos para progresar y poder avanzar hacia estructuras más complejas. En este sentido la primera novela de Claudia Apablaza podría definirse como un intrincado Bildungsroman que desde una teórica quete de teselas novelísticas intenta encontrar una vía que permita crecer desde el exorcismo de filias y fobias. La sinceridad de la autora es indudable y se desnuda mediante la duda organizada con una voz central que abarca otras, como cuando conversamos con nosotros mismos y creemos en una certeza aún sin estar plenamente convencidos de nuestra opinión. Esa seria la función oculta de los comentarios del blog, pensamientos plurales de un mismo cuerpo que desea alcanzar la unidad y sufre el dulce agobio de lo incierto.

Dos son las fuentes de obsesión. Quien escribe estas líneas devoró ambas, y por eso, y porque conoce a la autora, puede entender la extraña amalgama creada desde la indudable influencia de Enrique Vila-Matas y Amèlie Nothomb. Ahora que termina la primera década del siglo no se me caen los anillos si reconozco que el autor de El mal de Montano será recordado por mi generación como el nombre que modeló nuestro gusto. Todos hemos pasado una etapa absortos en el hombre de la Travessera del Mal y su prosa metaliteraria de humor, requiebro y reflexión. También, aunque en este caso era más una cuestión de velocidad lectora, me sentí cautivado por las novelas teatrales de Amèlie Nothomb, la chica que nunca falta a su cita anual para ganar lectores e ingresar buenos dividendos. La belga impacta, provoca deseo de nuevas lecturas, se repite y se agota. Su aceleración vertiginosa y sus planteamientos posmodernos de quita y pon son olvidables. No creo que el futuro le depare ningún puesto de honor. Su mérito radica en haber apostado desde un ego incurable por supuestas formas novedosas de tono cansino que después de varias lecturas se instalan en lo previsible.



Apablaza mezcla ambos autores, algo que la honra por la dualidad unitaria de su prosa, y no se confunde, sigue firme en su recorrido y consigue hilar ideas con personalidad propia porque su magma, por mucho que beba de fuentes conocidas, tiene la solidez de quien tira los dados y no se arrepiente del riesgo asumido. Pasan las páginas y las letras tienen un no sé que familiar diferente por pensamientos, sentido del humor que posibilita lo fragmentario y atrevimiento de una obra desprovista de tensión, porque tampoco quiere tenerla, pero con pequeñas confesiones que le dan su justo valor, como cuando la autora menciona residir en Barcelona por Pasavento y el recuerdo de una frase paterna que mostraba la ciudad condal como una gran biblioteca. Lo es sin serlo, acoge, destruye y crea mitos que se esfuman desde la necesidad del presente.

El eterno desfilar de nombres por la trama carente de trama es otro indicio del proceso formativo de la autora, devoradora innata con una prodigiosa biblioteca mental que aprovecha para lograr su objetivo y divertirse con sufrimiento por la multiplicidad de caracteres que aparecen entre los comentaristas del falso blog.

La parte final de la novela es un no monólogo interior con ribetes de Oulipo y delirio cósmico de confusión lógica. Apablaza apuntala las últimas páginas con soltura conceptual, quizá ese sea el único problema de Diario de las especies, una sensación de teoría para aplicar en sentido práctico, ausencia de frescura en el ritmo que se subsanará con la experiencia y el soltar, valga la redundancia, amarras para que las aguas no aprieten y sean un placer. En su mano y en su cerebro está conseguirlo, ha superado una segunda prueba, después de su libro de relatos Autoformato con nota y sólo le queda aprobar la asignatura de sentirse libre para que su armazón flote y fluya. Las crías van a nacer.

Jordi Corominas i Julián
http://corominasijulian.blogspot.com

sábado 4 de julio de 2009

El Palau del passat com a somni de puresa en Bagant


El Palau del passat com a somni de puresa: Colors

Fa poc menys d’un més, vingueren a visitar-me uns amics de Barcelona que volien veure l’escenari de Colors(Abadia Editors, 2008), la meva darrera novel·la; en realitat no transcorre a Palautordera, però els espais i la inspiració venen del poble. Per això considero una veritable llàstima que els habituals problemes de distribució no l’hagin fet arribar al poble, on seria apreciada com un sentit homenatge d’algú que, malgrat no sigui de la Vila, l’aprecia com si hi hagués nascut, quelcom que en certa manera és veritat, doncs hi vinc sovint des que tenia dos anys.
No vull jugar a la promoció de pa sucat amb oli. Aquest és un passeig escrit, un recorregut d’infància, idealització i sentiments. Vaig escriure Colors l’estiu de l’any 2006. El cel al capvespre era rogent, sense núvols, i em sorprenia, no perquè fos anòmal, sinó perquè la seva llum era el símbol d’escapatòria enfront el monstre urbà situat a poc més de cinquanta quilòmetres. Quan l’astre rei desapareixia la pau rural s’imposava amb el seu silenci de grills i motors llunyans. Pel matí la normalitat m’evocava allò de qualsevol temps passat fou millor i la memòria actuava amb voluntat ferma d’esborrar modernitats i tornar a un passat senzill, de puresa inexistent, que és com el meu cervell recorda el Palau de fa vint-i-cinc anys, quan agafava la lletera, l’omplia i eliminava el greix amb el dit, quan el Remeï era un camí de sorra sense cases a l’americana, quan els homes es saludaven pel fet de reconèixer un ésser de la seva espècie, quan el bosc era bosc i no un paratge decoratiu, ornament del passat que no vol veure nans antiestètics de jardí.
Ara me’n adono que el protagonista, l’home del banyador, és tothom, però sobretot és el Jordi gran, un cosmopolita obligat, que frisa per trobar l’esperit del temps antic amb ingenuïtat que es saviesa. És com si l’ara volgués traslladar-se als indrets d’antuvi i donar-los, des de la seva parcial nuesa, al present per fugir del malson que hem deixat crear amb el conformisme que implica l’absència de protesta. La pau és, vés per on quin rodolí, a Palau, i ho serà mentre m’atorgui la bellesa de poder sentir-me un home més lliure que vola sense que el rellotge el condemni a malviure.

JORDI COROMINAS I JULIÁN

jueves 2 de julio de 2009

Rimbaud después de Rimbaud en Panfleto Calidoscopio






Rimbaud después de Rimbaud (I): Antes de África.



Por Jordi Corominas i Julián


“L’heure de sa fuite, hélas!
Sera l’heure du trépas”.

(Arthur Rimbaud, Ô saisons, ô chateaux, Une saison en enfer)

“Dieu des humbles, sauvez cet enfant de colère!”(Paul Verlaine, Malhereux! Tous les dons, Sagesse)

“Me gustaría recorrer el mundo entero que, bien mirado, no es tan grande. Quizá entonces encontrara algún sitio que me agradara bastante”. (Arthur Rimbaud)


“A parisian (20) of high literary and linguistic attainments, excellent conversation, will be glad to accompany a Gentleman (Artist preferred) or a family wishing to travel in southern or eastern countries. Good references. A.R. No. 165, King’s Road, Reading”. Este anuncio se publicó en The Times el nueve de noviembre de 1874. Su autor era Arthur Rimbaud.
El prodigioso trienio tocaba sus últimas notas. Atrás quedaba el abandono de los estudios y la renuncia a una más que probable carrera académica, como atrás quedaba el viaje a París y la liaison poética y sentimental con Paul Verlaine, preso en Bruselas desde el verano anterior por haber intentado asesinar a su amigo y amante. El Rimbaud de 1874 era un joven sin ilusión por su futuro literario, frustrado después de la fría y otoñal acogida parisina que le llevó a quemar sus manuscritos, triste por la nímia recepción crítica de Une saison en enfer. Poeta revolucionario, convirtió en cenizas parte de su legado, que sólo sobrevivió cuando su compañero infernal lo resucitó en el segundo lustro de los años ochenta del siglo XIX.



El Rimbaud que despierta el nueve de noviembre de 1874 ya no es el orgulloso enfant terrible que desafió a Dios y quiso superarle. Ahora las tornas han cambiado y analiza los acontecimientos de su trienio prodigioso como un error de presunción entre paraísos artificiales y excesos inconsecuentes. Su depresión como artista significa su ingreso en el mundo de la mortalidad, polvo y barro humano, pan de cada día. Hasta cierto punto. La historia tiende a recordar hechos memorables, vivencias de excepción. La vida de Arthur Rimbaud fue una epopeya de la que apenas quedaría rastro si de los dieciséis a los diecinueve años no hubiese escrito algunos de los mejores versos del Parnaso universal. Sin embargo, su posterior existencia fue una aventura inusual en un ser de su época, lo que corrobora la excepcionalidad del personaje, harto de la normalidad y con vistas a quimeras ignotas para sus contemporáneos.
De Londres a Charleville. Pese a temer la estación invernal, sabía aprovecharla para reposar antes de emprender nuevos viajes. En 1875 decidió irse a Stuttgart, donde fue huésped de una familia apellidada Wagner. Dotado para los idiomas, aprendió el alemán en un periquete y trabajó en tareas manuales para poder subsistir. Asimismo, pasaba largas horas en la biblioteca y amaba, era un incansable caminante, pasear para conocer la ciudad y sus alrededores. Ese mismo mes Verlaine salió de su cautiverio belga y, en plena falsa conversión católica, intentó reconciliarse con sus seres queridos. Visitó a Rimbaud y su encuentro fue la sólita pesadilla. Pese a llegar con el rosario entre las manos, negó a Dios al cabo de tres horas y se emborrachó como siempre. Los otrora compañeros cerraron cantinas y revivieron viejos comportamientos. Rimbaud volvió a su habitual cinismo violento y Verlaine repitió su papel débil y sentimental; al no estar acostumbrado a la bebida cayó bajo sus efectos, quiso rememorar instantes pasados y fue rechazado sin ambages, lo que trajo su ira, unos cuantos puñetazos y la derrota por su inferioridad física. A la mañana siguiente unos campesinos lo hallaron inconsciente en la orilla del Neckar.
Los dos poetas no volvieron a verse las caras. Rimbaud abandonó Stuttgart en verano y, convencido de dominar suficientemente el italiano, emprendió marcha hacia el Belpaese, cruzó los Alpes a pie y en Milán fue acogido por una viuda, encantada con la cultura de su huésped, quien quiso regalarle su única obra publicada, Une saison en enfer, sin poder hacerlo al no tener ningún ejemplar en su escaso equipaje.
El objetivo de este viaje era alcanzar Brindisi y embarcarse hacia Paros, donde conocía al dueño de una fábrica de jabón. No alcanzó su meta. Caminó toda Italia, pero las altas temperaturas estivales derrotaron su empeño. Sufrió una insolación y fue repatriado a Marsella, donde trabajó durante varias semanas en el puerto limpiando escombros y descargando barcos. Una noche conoció a un extranjero que le ofreció enrolarse en el ejército carlista para luchar en España. Aceptó la propuesta, recibió la prima y huyó a París, donde frecuentó ambientes literarios y recayó en su fama de indisciplinado y bebedor. A finales de agosto volvió a Charleville. Flirteó con la idea de inscribirse al bachillerato científico, luchó con obcecación por aprender a tocar el piano y en última instancia prefirió centrarse en el estudio del ruso para visitar los territorios del zar. Cuando florecieron los árboles y abandonó su hogar, una vez más. En Viena un cochero le robó dinero y equipaje. Mendigó por las calles y fue expulsado. Lo depositaron en la frontera alsaciana y volvió a Charleville robusto y encolerizado. Su fracaso le obligaba a resarcirse, y lo hizo a lo grande: en junio de 1876 se trasladó a Holanda y se alistó en el ejército rumbo a Java. Su barco salió a la mar el 10 de junio y navegó por Sudán, la costa arábiga y la somalí, que al cabo de unos años conocería al dedillo. La nave atracó en Batavia el 23 de julio. La vida militar, estricta y con horarios marcados, no le motivaba. Desertó el 15 de agosto, exploró la selva, se embarcó en el buque británico Wandering Chief y regresó a Charleville el día de nochevieja, previo paso por Santa Elena, Las Azores, Queenstown, Liverpool, Le Havre y París.
Rimbaud ya no escribía. En 1875 Delahaye dijo a Verlaine que la inspiración del portento se había secado hacía mucho, y tenía razón. En 1879, al ser preguntado sobre la cuestión, el chico de pelo rubio con rostro angelical que sacudió París afirmó no estar interesado en la literatura, una vieja novia caída en el pozo del olvido.



Europe, Asie, Amérique, disparaissez.

Se dice, se comenta, se rumorea que en la primavera de 1877 volvió a la ruta y se trasladó a Hamburgo para trabajar en algún barco que le llevara a Oriente, su pasión. Algunos biógrafos dicen que fue contratado como intérprete en un circo y viajó hasta Estocolmo, donde descubrió su poca resistencia al frío del norte, por lo que se hizo repatriar. Enid Starkie, autor de una más que prestigiosa biografía de nuestro protagonista, investigó en el consulado francés de la capital sueca sin encontrar ningún documento que atestigüe la expatriación a expensas del Estado galo, lo que desmentiría una caricatura de Delahaye donde Rimbaud bebe ajenjo con un oso polar.
El eterno retorno a Charleville no solucionó su malestar. El viajero es un ser inquieto que busca su lugar en el mundo. Sin saberlo, el poeta ganó la posteridad antes de vivir la parte madura de su existencia. Su desorientación después de la literatura le convirtió en una pequeña gran alma sin rumbo. Su siguiente destino fue Alejandría, donde llegó después de embarcarse, enfermar, volver un año a Charleville, trabajar en la granja y emprender nuevamente la marcha en octubre de 1878. Hamburgo volvió a ser el primer peaje. Conoció a un individuo que le prometió empleo en la ciudad de Alejandro Magno si se presentaba en Génova y embarcaba camino de Egipto. Atravesó Francia, volvió a cruzar los Alpes a pie, cerrados por el invierno, bajo una intensa tormenta y alcanzó la segunda parada de su itinerario para cumplir su sueño. En el país de los faraones trabajó en una plantación agrícola y puede que visitara Luxor, pues en los pilares de su famoso templo está grabado el apellido del aventurero. No creemos que en 1878 los turistas invadieran el lugar, por lo que es muy posible que Rimbaud dejara su huella en silencio, solo con las piedras y el pasado.
Se cansó de la plantación y descendió hasta Suez, donde su compatriota Suel, propietario de un hotel, proporcionaba empleo relacionado con actividades ilegales que iban desde la construcción de faros para evitar naufragios hasta la contratación de ladrones de barcos. Durante la primera quincena de diciembre Rimbaud gastó sus energías en recoger el botín de uno de tantos buques caídos en desgracia en las costas de Gardafui y luego, con dinero en el bolsillo y contento por su anonimato, se trasladó a Chipre, isla que los turcos acababan de ceder a Inglaterra. La pérfida Albión quiso arreglar el desaguisado que los otomanos causaron en la patria de Venus. Se destinaron grandes cantidades para mejorar puertos, canales y carreteras. Rimbaud fue contratado como capataz de una cantera del desierto un sitio en el que, según sus propias palabras, sólo había rocas desprendidas y una canícula infernal. Las condiciones eran lamentables. Escaseaban los alimentos y siquiera tenían un refugio donde guarecerse, grave problema en una zona donde los mosquitos y el paludismo eran una grave amenaza. Además de vigilar la prosecución de las obras, Rimbaud estaba encargado de pagar a los indígenas que tenía a su cargo. Dadas las pésimas condiciones laborales, no es de extrañar que se enfadaran, rebelándose y robando el almacén; el tacto humano del hijo de las Ardenas hizo que recapacitaran y al final la sangre llegó a pedir armas a sus patronos para protegerse, no llegó al río.



Rimbaud abandonó Chipre en junio de 1879 al contraer unas fiebres tifoideas. Se restableció en Francia, pero había cambiado. Sus mejillas estaban hundidas y el pelo se había encanecido; el rostro chupado con la piel tersa, sin rastro del cutis infantil que tuvo en su adolescencia. Sólo los ojos transmitían el vigor de antaño.
En octubre de 1879 cumplió veinticinco años y se le veía sobrio, como si el vagabundeo hubiese concluido para avanzar hacia un estado maduro. A finales de año, ya recuperado de la enfermedad, sus viejos amigos le invitaron a pasar la noche en un café de la Place Ducale. Apareció con ropa elegante. La compró a crédito. Tenía decidido marcharse. Quería llegar a la cima. A las once de la noche se despidió de sus allegados y desapareció en la oscuridad.

http://www.calidoscopio.net/2009/05Junio/Letras02.html


miércoles 1 de julio de 2009

Entrevista popular loopoética



Entrevista popular loopoética

Después de nuestra entrevista en Com radio(http://blocs.lamalla.cat/bloc/extraradi/post/loopesia) pensamos en proponer a nuestros seguidores una entrevista popular. La iniciativa no nos inspiraba temor, la única duda era comprobar si realmente las personas se interesarían ante la posibilidad de poder preguntar lo que quisieran. Este es el resultado.

Inicios

¿Cuándo se conocen el Anónimo toledano y Jean Martin?

La respuesta precisa es el sábado 14 de marzo de 2009 en La cova de les cultures; fue su primera actuación. Antes de ese día hablamos por teléfono con los dos, y corre la leyenda que se reunieron sin avisarnos. El anónimo cogió un avión en Barajas y Jean Martin lo hospedó en su casa de Cambridge.

¿En qué noche loca y etílica se os ocurre esta gamberrada?

Seguro que fue una noche de jueves. Neill y Jordi se conocieron en una reunión en septiembre de 2008 y desde el principio se llevaron de maravilla. Fue el otoño-invierno del fantástico, donde quedaban y comentaban cosas mientras bebían vinito y cerveza. Una de esas noches Jordi le comentó a Neill su deseo de musicalizar Las nocheviejas del patriarca, suite poética publicada en Calidoscopio, y a partir de ese momento el motor carburó.

Concepto

"Popular" y "loopoesía" no se pueden pronunciar muy seguidas, suenan feo juntas, se trata (usando otra palabra fea fea) de una cacofonía... ¿acaso el lenguaje nos señala un quiebre esencial entre lo "popular" y lo "loopoético"? ¿Es loopoesía un reducto de élite?

En cierto sentido podríamos darte la razón desde un punto de vista conceptual al mezclar ideas complejas como poesías enlazadas, bucle, performance, poesía automática, armonías, decapitaciones varias, proyección audiovisual y mil cincuenta y dos influencias. Aún así no nos consideramos elitistas porque nuestro show está abierto a todos los públicos, y lo positivo es que cada espectador puede visualizar y pensar el espectáculo desde su propia perspectiva. Creemos que actuar en vivo es la fuerza que conjuga lo popular con lo loopoético; desde esa premisa hasta el futuro cd+dvd+libreto puede convertirse en un producto no sólo para sibaritas.

¿Influencias?

Al querer transmitir muchas sensaciones las influencias son múltiples. Es una de esas preguntas complicadas, porque todo está muy construido al tiempo que bebe una absoluta libertad. Las ideas salieron espontáneas, y en cada cerebro loopoético hay ríos de imágenes, ideas e influencias. Lo curioso es que Jordi y Neill tampoco eran de ir a muchas movidas de performance, con lo cual en ese sentido no hay rastro de contaminación positiva. La madre de todo el proyecto es la experimentación. Estamos muy aburridos de ver tonterías, queríamos crear diferencia con sentido, esperamos haberlo conseguido.

Musicalmente, ¿con qué influencias jugáis?

El primer punto a considerar es saber que en Loopoesia usamos una pista base con las nocheviejas del patriarca+ su música, que se mueve en función del significado lírico de las palabras; sin embargo en directo el anónimo añade contenido con sus mezclas, relacionadas también con los versos y el montaje músicopoético. Las influencias no se pueden basar en simples nombres. A Jordi le gustan mucho los sesenta y a Neill los ochenta. Esa sería una respuesta de parvulitos, casi en pañales, respuesta inexacta porque a medida que avanza el proceso vamos añadiendo desde música Hindú hasta ruidos de la calle. No hay límites en la música ni el sonido. El último reto son las armonías, dan al espectáculo una complejidad sonora que dinamiza loopoesia.

¿Vivimos la vuelta de la voz? ¿De la poesía hablada, recitada, cantada y
gritada? ¿Qué opináis de ello?


La voz nunca se ha ido, a no ser que te refieras a Frank Sinatra, que si murió hace ya unos años. En Loopoesía la voz jugaba un papel relativamente secundario al principio del proyecto, cuando Jean Martin gritaba Carmen, la poesía, en plan poseído. A partir de la segunda actuación su rol va adquiriendo más y más importancia, el mito de Isabel la Católica, factor confirmado en el tercer show, cuando el anónimo adquirió voz y proporcionó la complejidad armónica que tanto nos gusta.
La voz es necesaria, porque la poesía leída es genial, pero con público logras transmitirla y quizá lograr que la gente se aficione; en el tiempo donde todos podemos saber todo, aunque eso desoriente a lo bruto, los espectáculos pueden tener una función pedagógica y vital para difundir el arte, al fin y al cabo el ser humano siempre ha sido forofo de la narración oral.

¿De las vanguardias? Qué influencia es mayor en vuestra puesta en escena:
¿el dadaísmo o el surrealismo?

El surrealismo, o eso creemos, es exceso de realidad. Eso nos chifla. La gente dice que somos surrealistas porque decapitamos a muñecas fascistas, vestimos raro, vamos enmascarados y el ambiente del show es algo psicodélico e irreal. Pero resulta que somos de carne y hueso, lo que mostramos es real, si se analizan los elementos simplemente mostramos un tipo de realidad que quizá es excesiva....
El absurdo es maravilloso. El dadaísmo surgió durante la Primera Guerra Mundial, nosotros durante la crisis. Ambas cosas tienen en común convivir con el malestar de su tiempo y querer ir hacia formas mentales y representativas más extremas. Por otra parte adoramos el humor inglés. Y el lacón de Gredos.

Si un loop es un bucle y, según la RAE, un bucle es un rizo de cabello en forma helicoidal..........¿por qué todos los personajes que aparecen en el cuento loopoético tienen el pelo liso? ¿Coincidencia o discriminación capilar?

Jordi Corominas declara no acordarse de si en la suite poética los personajes tienen el pelo liso, aunque matiza que la morsa Gertrudis, el bogavante o el pastor Nicolai tienen los pelos como escarpias y berberechos. Jean Martin y Jordi tienen el pelo liso, el anónimo tigrado y Neill ondulado tirando a rizado. Nos lo cortamos en peluquerías del baboso, Calle Isabel la Católica 1492. El bucle es bello.

Pensamientos y Loopoesia way of life

¿Es cierto que los loopoetas efectúan respiración cutánea, y no pulmonar, como el resto de los seres humanos?

Eso es una verdad como un templo. En el escenario efectuamos respiración cutánea, la máscara nos impide hacer otra cosa. En la calle respiramos con las manos, así sudan menos en verano.

¿Para cuando ese vino blanco?

Tenemos que hablar con nuestro abogado. Antes de quedar analizamos las sustancias a consumir, no queremos deformarnos. Vino blanco forever, velocidad seca y amarilla de fórmula 1 en la garganta, como Messi en Verdaguer.

¿Qué fobias persiguen a los loopoetas?

Helado de calimocho, vestidos de abuelas, manchas de color crustáceo, Angel Acebes, señores de uniforme, los tucanes de Palamós, agua de Sarrià, el voleibol sobre patines, laca industrial, marujas en el autobús, los mirones, los anacolutos, la hierba caducada, los grados Kelvin, los ricos, el asfalto en navidad, los canguros de Austria y los que les da pereza acudir a nuestros shows.

¿Qué beben los loopoetas?


Jordi vino blanco, cerveza y gin tonic cuando va de disco, lo que nunca sucede. Neill mojito, cerveza, vino. Ambos tienen buen saque. Jean Martin y el anónimo toledano sólo ingieren zumos de fruta y se tiran agua por la cabeza.

¿Os gusta ir en pantalón corto?

En verano sí, en casa vamos en pelotas.

¿Qué acción os parece más loopoética: el entierro de la sardina o la muerte del salmón?


Veneramos el naranja y la muerte del salmón es triste, sobre todo cuando vas al Condis y lo ves envasado. El entierro de la sardina tiene mas gracia, es súper ridículo que los humanos vayan al mar a tirar un pez muerto porque dejan de disfrazarse, es uno de los grandes misterios de la humanidad.

¿Los loopoetas también lloran?

Sí, lloramos por el dolor del mundo ofendido, que diría Vittorini. Lloramos con la vichysoisse pasada y nos caen lagrimones si el cartero llama dos veces.

Ideas para hacer nuestra vida más loopoética

Reír mucho, dejarse llevar, pensar las cosas de manera estructurada, pasear muchísimo, soñar cada día, comer Spaghetti al pesto y patatas bravas en los bares, hablar con desconocidas, adorar unidades poéticas, saber que no hay una sola música, experimentar, jugar al parchís los martes a las cuatro de la madrugada, dominó erótico, criticar construyendo.

Carmen e Isabel

¿ Carmen, además de la musa es la samu loopoética y os da agua de ídem?


Nos da agua de amen. Carmen es musa porque, reiteramos, es la poesía. En el escenario tenemos una botella de vino, pero no podemos beber, es una trastada. Por eso consumimos litros de cerveza poco antes de nuestra hora. No se lo digáis a nadie.


¿ No creéis que dos Isabeles, encima católicas, son demasiado para un sólo George Harrison?.De todos es sabido que juegan sucias.

George, última incorporación a nuestra lista de personajes, era hinduista y de Liverpool. Todos somos Isabel la Católica. No entendemos el éxtasis que genera su nombre. George y Paul juntos pueden derrotarla, si bien su fama es insuficiente ante el empuje sonoro de la monarca, tiene tela la cosa.


¿Isabel la Católica lleva lencería de encaje o de algodón?


De piedra, y sujetadores de menhir.

¿Ha estado realmente confinada en el castillo del Puente Congosto?

¿No era en el de Greyskol? ¿O era Cronenburg?

Máscaras


¿Cómo laváis las máscaras para que huelan a tigretón?

Con un detergente lleno de chocolate, cremas de esas que comíamos de pequeños y un poco de esa píldora que os dan.

Sobre las máscaras (personalmente me gustan mucho): ¿qué creéis que aportan
a vuestro show?


Son una elección de Jean y el anónimo. Aportan misterio y puede que den una especie de tono sacro al mensaje que transmitimos, como si los dos del escenario fueran oráculos. Algunos espectadores opinan que dan miedo, no es nuestra intención. Todos llevamos máscara.

Sobre el show

Y por último, esta me la he preparado consultando fuentes autorizadas: ¿En base a qué criterios organizáis las actuaciones?

Esta pregunta tiene varias respuestas. Hay una serie de locales y eventos que nos gustan. Mandamos mail de prensa y generalmente tenemos el sí. La otra parte de la organización es relativa a los aspectos de la misma actuación. Actualmente estamos desarrollando Loopoesía 2.0, pero siempre ampliamos la idea y ya tenemos en mente el formato 3.0

¿ Para cuando una sponsor jamona?.Las otras, nunca mejor dicho, están en los huesitos y conste que adoro a la Hepburn.


Audrey Hepburn y Lady Di son nuestros emblemas femeninos porque las consideramos mujeres sobrevaloradas. No negaremos la elegancia de la primera, pero si es el icono pop más dañino de los últimos tiempos, sus objetos de consumo promueven la anorexia. Los loopoetas preferimos mujeres carnales y carnosas, Monica Bellucci, Marylin....Por su parte George Harrison y Paul McCartney nos inspiran desde varias perspectivas muy largas de contar.

¿Qué pinta un gato, una muñeca, una máscara inexpresiva e Isabel la
Católica?


El gato es el anónimo toledano. Su biografía del blog (http://loopoesia.blogspot.com/2009/06/loopoetas-varios-anonimo-toledano.html) lo explica todo. La muñeca encaja con el infierno musical preludio del último poema. Es una plastic girl fascista que merece la decapitación, entre otras cosas por seguir los parámetros marcados por la sociedad. La máscara inexpresiva es Jean Martin, su único punto, nunca mejor dicho, es una peca. Isabel la Católica es proverbial. El todo es uno y el uno es todo.

Pregunta final

Hacia donde va loopoesia? Cual es el límite de loopoesia?

1) Loopoesía va primero a Cambrils, luego a l’elèctric bar y así hasta el infinito, tenemos varias actuaciones programadas, así que os iremos informando de las fechas y del futuro Spanish tour.
2) Loopoesía sabe bien sus caminos. Lo que nos entusiasma es que sentimos cómo el proyecto madura, como salen siempre más ideas que adquieren complejidad en muchos sentidos. Como ya reiteramos antes creemos que las armonías darán un punto extra al conjunto, pero al mismo tiempo se contemplan cambios audiovisuales y en la forma de mostrar la poesia automática.
3) No existen límites.

El equipo de Loopoesia quiere agradecer a todos los participantes su amabilidad al enviarnos preguntas para nuestra primera entrevista popular.


http://loopoesia.blogspot.com/2009/06/entrevista-popular-loopoetica_30.html

lunes 29 de junio de 2009

Diálogo con Toni Martínez en Revista de Letras



Diálogo con Toni Martínez
Por Jordi Corominas i Julián | Portada | 29.06.09


Casi parece una convención. Pero sigue exaltándome tanto como el primer día. Por disponibilidad horaria realizo mis entrevistas con autores de Seix Barral los lunes a las cuatro de la tarde. Cojo el metro, pasan los diez minutos de rigor.

Próxima estació: Urquinaona. No fumis al metro. No baixis a les andanes.

Tranquilos, no pretendo suicidarme. Aire puro, el famoso quiosco. En el centro de la ciudad no aprecio ningún tipo de pelotazo inmobiliario. Barcelona es sutil. No tiene poceros, aunque en su entramado urbano es fácil localizar especulación a granel maquillada bajo el detestable sabor a progresismo de feria por parte de un Ayuntamiento demasiado acostumbrado al poder para ejercerlo de manera útil en beneficio del ciudadano. gruas asesinas ok:MaquetaciÌ3n 1

He quedado con Toni Martínez (Barcelona, 1963) para hablar de su última novela, Grúas asesinas, hilarante simulacro de reportaje investigativo donde, el otrora director y guionista de Las Noticias del Guiñol, traza con ironía y humor un retablo casi perfecto de lo que ha sido España en la última década. En la Italia de los cincuenta tuvieron miracolo economico, nosotros padecimos pelotazos, cinismo y una impotencia colectiva que aún no hemos sido capaces de subsanar. Quizá cuando termine el subsidio del paro para muchos trabajadores llegue la hora de actuar, mientras tanto la literatura puede servir como acicate para meditar sobre diez años míseros en los que nos creímos inmortales hasta que despertamos y vimos la cruda realidad.


Jordi Corominas i Julián: Hace un mes, en este mismo lugar, entrevisté a Clara Usón. Le comenté que en Corazón de Napalm ( Premio Biblioteca Breve, Seix Barral, 2009) los personajes eran prototípicos del hombre pre-crisis. En tu caso creo que encontramos personajes que generan el actual malestar.


Toni Martínez: Daté el final del libro (ndlr: Barcelona, 31 de diciembre de 2007, ¡feliz año nuevo!) no porque supiese que llegaría la crisis, sino porque en los últimos diez años estos procesos de corrupción han sido una constante, no quería que la fecha alterara la realidad de lo escrito. ¿Quién nos iba a decir que llegaría el actual terremoto? No quería que nadie tomara la obra como un texto oportunista. No soy Nostradamus. Pese a que en este momento se están desvelando muchos casos- caso Correa, Marbella, etc…- mi intención no era erigirme en profeta de lo que vendría. El 48% de los municipios de la región de Murcia tienen procesos de corrupción, imagínate que fuera igual en el resto de España. Lo increíble es que el porcentaje de voto popular sigue siendo el mismo. ¿Qué ha pasado en España a lo largo de los últimos quince años? Una situación de tonto el último.

En realidad esta situación no deja de ser muy española. En Bcn Week publiqué un artículo titulado La baja edad hortera que hablaba de fútbol y empresa en Cataluña, unión que genera virreinatos políticos que a nadie sorprenden. Los personajes de tu libro son prototípicos de la situación española de los últimos quince años. El magnate, la hija que deriva hacia el mundo rosa…


Sí, porque este tiempo, y aciertas al definirlo con el adjetivo hortera, coincide con la explosión de dinero y una tolerancia general amplísima hacia los elementos turbios que genera la economía. En España circulan más billetes de 500 euros que en toda Europa, y eso significa dinero negro. En este país si te comprabas un piso el notario, la persona encargada de certificar que el proceso se adecua a unos parámetros establecidos, se levantaba de la mesa y se iba para que las personas intercambiaran dinero negro. La sensación general era de que como todo el mundo lo hace, todo vale, y eso propiciaba que si alguien robaba a dos, otro podía robar a tres.

Este libro me hizo reflexionar sobre el cinismo de ese tópico de la década pasada según el cual convenía especializarse para poder tener futuro laboral. En Grúas asesinas vemos personas que sin saber hacer la “o” con un canuto se enriquecen a partir de la nada más absoluta y logran un absoluto protagonismo mediático.


Acaparan el protagonismo mediático relacionado con el éxito y vender la propia vida. Somos la segunda potencia mundial en operaciones de cirugía plástica. Ha sido una década hortera, pero también muy egoísta. Gran parte de la población ha entrado en la rueda de compra-venta de pisos con la ilusión de ganar dinero sin considerar que la próxima generación tendrá muchísimas dificultades. Mi generación podía comprarse un piso, la tuya lo tiene muy difícil. En cierto sentido os hemos robado la posibilidad de tener vivienda propia.

Este sería un debate que sobrepasa la mera explicación del libro. En mi opinión toda esta vorágine se inicia en los setenta con la generación que tenía el deber de convertir España en una democracia. Creo que estamos en un país donde vendemos ideas que no creemos.


Hay muchas personas que aún hoy en día en reuniones izquierdas imparten doctrinas éticas y compran pisos con dinero negro.

Sí, porque el joven que puede independizarse lo hace más por orgullo que no se ajusta a su realidad económica. Los personajes del libro son muy españoles, pícaros que han evolucionado y se parecen al pocero: empiezan, extienden su imperio y mediante la prensa amplían sus redes y finalmente se erigen en benefactores porque supuestamente hacen el bien para el pueblo, el gran engaño de la década.


La percepción general que existe en España en torno al delito urbanístico es, en primer lugar, que es un delito sin víctimas. No perjudica a nadie y genera un beneficio comunitario. Sobre esta falsa percepción hay gente que ha ganado mucho dinero. El magnate de la novela usa la prensa en sentido funcional.

Una mezcla entre mafia y Ciudadano Kane.

Todo realizado atropelladamente. Una mafia que funcione como un universo limitado a base de refranes (ndlr: la frase símbolo del empresario de Grúas asesinas es “Macarrones pido, ponme macarrones”), sin sofisticaciones. ¿En qué consiste la mafia? Construye en función de un interés. En la novela plantee la problemática desde un punto de vista exagerado, que a partir del efecto cómico logra que el lector lo identifique con la realidad. (ndlr: Antes de la primera página el autor nos advierte con las siguientes palabras: “Todo lo que se cuenta en este relato es ficción, todos los personajes son inventados, y el hecho de tener que explicitarlo ya indica que la realidad es tremenda”).

Desde un primer momento puedes atribuir un rostro público a los personajes, sin que con ello quiera decir que esa fuera tu intención.

La gente los identifica con su propio imaginario. Construimos una galería de personajes de nuestro teatro particular para interpretar la realidad. Con un personaje tan exagerado el efecto cómico es la posibilidad de identificarlo.

No son guiñoles porque son perfectamente reconocibles. El caso del Gorila es paradigmático. Un futbolista que decide colgar las botas, se enfunda un traje simiesco y no dice nada, y aún así es respetado, un poco como esos señores de Crónicas Marcianas que sólo soltando sandeces lograban el aplauso del público y ser reverenciados por una amplia masa social.

El gorila me generó dudas hasta después de cerrar el relato, pensé que me había pasado. Su historia me rondaba desde hacía muchos años. A mis veinte años fui a una representación que Vittorio Gassman hizo del Discurso por una academia de Franz Kafka y aluciné, me quedé extasiado. Desde entonces siempre pensé qué ocurre con el gorila después del relato kafkiano, hasta que desembocó en el personaje de Grúas asesinas. Pocos meses después de terminar el relato leí en el periódico sobre un reality show escandinavo donde los concursantes tenían que convivir con gorilas. Lo creé futbolista porque su problema no era económico, no estaba en la tele por dinero, quería ser un héroe. El gorila y la nena, las únicas voces que no explican su versión de la historia, viven una historia de amor al revés.

Pero el gorila consigue cambiar a la nena.

Sí, y la nena triunfa. ¿Quién no ha tenido la sensación de ser visto como un gorila cuando visita por primera vez la casa de los suegros? Todos podemos sentirnos solidarios con el gorila (risas).

En realidad el elenco de personajes seria un poco un gran celtiberia show, como sucede con la asesina lesbiana que es una puta tierna.


Este punto débil chapucero ha gustado a la mayoría de las mujeres que han leído el relato.

Casi parece una mujer de serie televisiva española, de clase media cutre.


Sí, pero puedes reconocer esa imagen de la mujer incorporada al mundo masculino en inferioridad y que intenta defenderse con dificultad a veces con armas masculinas, a veces con armas femeninas. En este caso es una asesina a sueldo, pero reconoces la realidad de la mujer incorporada al universo masculino y luchando para que nadie le recuerde que es una mujer, algo típico de nuestra última década.

La masculinización de la mujer.

La incorporación de la mujer en los estamentos directivos ha sido un camino muy complicado que acarrea el precio de justificarse constantemente.

Algo que contrasta mucho con la mujer del magnate, típica española crecida en el franquismo que de repente se encuentra con el oro y el moro.

Exactamente, pero ella dice que no es la típica mujer de gángster. La visión de la mafia que Coppola muestra en El Padrino es muy intelectual. Los soprano lo trataron mejor, aunque no deja de ser desde una perspectiva muy operística. Se mata a alguien, se funde la imagen en negro y parece que deshacerse de un cadáver sea lo más sencillo del mundo, y no es así.



¿Cómo planteaste la estructura del relato? Da la sensación que el texto fluye y hasta recuerda en algunos instantes A sangre fría de Truman Capote.

Me costó mucho. Tenía una serie de relatos relacionados con la historia, pero no sabía como unirlos. Ahora escribiría un texto de cincuenta páginas del que saldrían los personajes, los entrevistaría y ofrecería sus versiones para desarrollar el argumento, pero en ese momento no tenía en mente cómo hacerlo. Tenía varias versiones, en primera y tercera persona de diferentes episodios, sabía cual era la meta y lo tenía muy elaborado de manera poco científica; la estructura inicial era fragmentaria en sentido clásico. En unas vacaciones vi claro lo de intentar lo mismo que hice en televisión con el que pasaria si… Encontré la solución televisiva de poner el nombre del personaje y las declaraciones. Surgió más en plan intuición Fleming descubre la penicilina (risas) que no desde un punto de vista científico.

En los últimos años algunos narradores han aplicado una fragmentación similiar a la que encontramos en Grúas asesinas. Recuerdo el caso de Rant de Chuck Palhaniuk.

Sí, me lo comentaron. Cuando escribí el relato no lo conocía. Lo compré y me pareció muy complicado. Su estructura no facilitaba la comprensión, era ligeramente exhibicionista. Lo que tenía claro era facilitar la comprensión y crear velocidad en la lectura tomando como modelo la forma narrativa que tienen los guionistas de animación para adultos.

Para conseguir dinamismo.


En Padre de familia la estructura es muy difícil. Cada episodio dura 24 minutos y hay 30 gags. Conseguir que la acción no sufra pausas es una heroicidad.

En tu caso logras que las declaraciones de los protagonistas vayan enlazándose.

Exacto. Las diez primeras páginas eran fundamentales para enganchar al lector y permitir su acceso a la dinámica del relato.

Cuando antes hablabas de la mafia, relacionándolo con lo que comentábamos antes, puedo pensar en Once upon a time in America, donde la narración empieza con la génesis formativa y evoluciona en sentido cronológico. También pienso en los sesenta. De Divorzio all’italiana al Imperio a la española.

Sí, no sé si lo dice el empresario, pero proclama que quiere hacer una mafia a la española.

Un poco como Camacho, con dos cojones. (risas)

Si los italianos tienen una camorra, él piensa que nosotros podemos tener una mafia a la española. No sé si es cierto, pero en cierto sentido en España es como si aún viviéramos con la culpa de la decadencia de cuatro siglos y nos pusiéramos el mundo por montera para volver a ser líderes con una prisa excesiva, como cuando Zapatero se enorgullece de superar a Italia en renta per cápita o cuando la foto de Aznar en las Azores y lo de sacar al país del rincón de la historia. La ansiedad por el pelotazo que nos saque de la decadencia de la que aún no hemos salido.

Ya que hablamos de Italia, ellos vivieron un proceso parecido en los años cincuenta. Pelotazo, creación de un star system nacional y pasar del traje paisano al traje y corbata. Ese sueño termina cuando estalla el pelotazo. Pasados los años han sufrido mucho y ahora se encuentran en una miseria moral increíble, no sé si España corre el peligro de padecer un proceso parecido.

Corremos el peligro de ser víctimas de una solución política heterodoxa como sucede en Italia con Berlusconi.

Con Clara Usón comentábamos que dentro de unos años muchas novelas publicadas en los últimos años quedaran como literatura documental de nuestro tiempo porque se escribieron antes de la crisis.

Sí, comparto tu opinión. El cambio ha sido tan brusco, y el tiempo editorial tan lento, que leyendo ahora determinadas cosas puedes tener una impresión arqueológica, de arqueología en directo. Si ahora leyéramos los periódicos de hace dos años no daríamos crédito. Zapatero habla de menos ladrillo y más ordenadores.

El Condis fue revolucionario en eso cuando lanzó la campaña Ordenatas para el cole (risas); hace un año y medio daba clases de mundo contemporáneo y creo que todo lo que conté a mis alumnos ya no sirve para nada. Mis predicciones se revelaron erróneas por la velocidad del cambio.


No damos crédito. El PSOE ganó las elecciones prometiendo pleno empleo y por la solvencia de Solbes en el debate económico. Nadie podía relacionar el derrumbe de la burbuja inmobiliaria con la quiebra de la banca americana. El problema es que en España muchos piensan que sentados en el sofá pasará la crisis y todo volverá a ser como antes. Hace poco me entrevistaron en un chat de una revista económica y los internautas me preguntaban si subirían los pisos después de los Juegos de Madrid. La actitud de las personas es surrealista, como si nos diera igual y la burbuja fuera un espejismo. La verdadera burbuja es vivir creyendo que nada ha cambiado cuando lo que ocurría no era en absoluto normal, o vaya, al menos creo que no puedo incluir dentro de la normalidad el timo colectivo de la última década española.

Y esta década también es la de la banalización de la cultura.

Ha sellado el fin de la meritocracia y la cultura del esfuerzo a partir de pelotazos y éxito inmediato. Gana quien tiene más desparpajo, no quien se lo merece. Reagan inició la época de los presidentes actores que el tiempo ha consolidado. En sentido cultural ha sucedido más o menos lo mismo. Los que están en el escaparate, sin querer formular ningún juicio de valor, propician que se expanda la cultura del éxito.

Seguimos dialogando unos minutos. Le comento que deseo un cambio. Los jóvenes que trabajamos en lo que nos gusta somos una especie de matados increíbles que algún día esperamos ver el renacimiento de la meritocracia por justicia social. Después de una charla como la que acaban de leer a uno le entra una frustración tremenda, más que nada al ser consciente de la existencia de personajes como los de Grúas asesinas. Lo increíble es que esos seres campean tranquilos, sonríen a la cámara y hasta ganan votos en las elecciones. No toda la culpa es de las gaviotas. Como sucede en la Italia de Berlusconi, parte del éxito de estos individuos radica en la papeleta que depositan en las urnas los ciudadanos de a pie. Pensemos. Actuemos. ¿Hasta cuando seremos conformistas bañados de indecencia? En La sequenza del fiore di carta (1968) de Pier Paolo Pasolini, Ninetto Davoli cae al suelo fulminado por un rayo divino. El inocente, dice la voz del todopoderoso del cortometraje, no merece vivir porque no se preocupa por los problemas del mundo. No creo que nadie sea inocente. Actuemos, que algo queda.

Jordi Corominas i Julián
http://corominasijulian.blogspot.com

sábado 27 de junio de 2009



Alpha Mini: cápsulas literarias portátiles de lectura instantánea
Por Jordi Corominas i Julián | Reseñas | 26.06.09


El cuento. Joseph Conrad, Alpha Decay (Barcelona, 2009).
Traducción de Juan Gabriel López Guix.

La mascarada de la muerte roja. Edgar Allan Poe,
Alpha Decay (Barcelona, 2009).
Traducción e introducción de Juan Gabriel López Guix.


Sí, ya lo saben. Ha llegado el verano y hace calor. La gente va ligerita de ropa y los ojos ya no tienen excusa para mirar a Cuenca. ¡Pervertidos! Ya estáis pensando en lo de siempre. Pues no, centraros un poco en este escrito, quizá no os cambie la vida, pero os aseguro que os proporcionará información, y de la buena.

La recientemente clausurada Feria de Madrid abrió el debate sobre los nuevos formatos librescos. Tecnología versus tradición. La discusión es estéril. No porque no tenga interés, sino porque desde que el mundo es mundo se ha discutido, de un modo u otro, sobre la desaparición de nuestra amada Galaxia Guttenberg. Lo que presento con este artículo es la solución perfecta para el lector compulsivo.

Hay gente que duda mucho mientras se contempla en el espejo. ¿Qué me pongo? Reiteramos la conveniencia de ir con pocos velos. La canícula aprieta y la insoportable levedad del ser tiene que ser aceptable. No lean a Kundera. Vístanse como quieran, siéntanse guapos y guapas, aturdan al personal con sus atuendos. Otros individuos no se miran al espejo. Llenan su bolsa y antes de salir a la calle se preguntan qué libro elegir para su tortuosa singladura entre el aire acondicionado del metro y el fulgor callejero. Quien comparta conmigo la obsesión por la literatura sabe que no estoy planteando una cuestión nimia. Hay libros que sólo se pueden leer en la cama, otros merecen la espalda en el sofá y algunos se eligen por distancias, trayectos y cronómetros. Cuando estudiaba primero de carrera sentí una fuerte repugnancia al ver a un compañero de clase con Proust en el autobús. ¿Era un dios con inigualable capacidad de concentración? ¿Un tremebundo marciano superdotado? ¿Un cretino fardón? Nunca cruzamos más de dos palabras, aunque desde ese instante barajé con criterio mis lecturas del underground para no caer en innecesarias pedanterías. Eso y lo práctico. El transporte público, la playa o la estación estival exigen lecturas cortas, brillantes chispas que permitan combinar el apacible hábito lector con otras actividades.

Alpha Decay estrenó hace escasas semanas la colección Alpha Mini con dos títulos de campanillas: La mascarada de la muerte roja de Edgar Allan Poe y El cuento de Joseph Conrad. Antes de hablar de los contenidos, conviene reflexionar sobre el formato. Ambos libritos caben en la palma de mi mano, lo que implica que también podéis llevarlos en el bolsillo de vuestra chaqueta. Los horteras podrán dejar de forrar sus libros, los apasionados por lo práctico respirarán felices por las facilidades de transporte del artefacto, pequeño, compacto y portátil por ligereza.

Mi memoria recuerda una antigua colección, Alianza Cien, que a mediados de los noventa intentó revolucionar el sector editorial mediante la pequeñez. Vendían obras interesantes a cien pesetas; no tuvo repercusión porque, al igual que sucede ahora con la propuesta de Alpha Decay, lanzaron su propuesta en época de crisis y el horno no estaba para bollos. Naturalmente los editores de la renovada editorial barcelonesa no se chupan el dedo y saben muy bien lo que vale un peine. Por ello buscan que la nueva colección de su sello sea atractiva. Alianza erró al publicar mil y un títulos, como si con el avasalle aseguraran impacto y petróleo. Alpha mini irá paso a paso y el inicio de su singladura es toda una declaración de intenciones.

Abrimos La mascarada de la muerte roja. Cincuenta páginas. ¡Una introducción! La leo y quedo fascinado. Juan Gabriel López Guix escribe como los ángeles mientras explica cómo ha traducido y sobre que bases se asienta su conocimiento para emprender su tarea. Lucha contra titanes y sabe del riesgo de su empresa. Baudelaire, Cortázar y Riba. Trío de ases. Llego al relato y crece mi asombro. La traducción es ejemplar, el relato estupendo. Poe estructura los catorce párrafos del texto en dos partes simétricas, siete por sección, siete como las habitaciones la abadía fortificada, siete como las etapas de la vida. La primera está escrita en pasado y presenta, con una minuciosa y veloz descripción, el ambiente de una fiesta cerrada a cal y canto para evitar la muerte que se ceba en el exterior del recinto. A diferencia de muchos autores decimonónicos, que contemplaban la muerte como la nada, Poe le da un insólito vigor. Y, de pronto, suena el reloj de ébano. El escritor norteamericano arrasa con esta genial transición, propia de un músico contemporáneo al marcar el cambio de ritmo en una canción. El tiempo presente invade el relato y la muerte roja causa espanto entre los asistentes a la mascarada. El resto no es historia, sino endiablada habilidad y dominio absoluto del tempo narrativo, característica que acomuna al maldito fenecido en Baltimore con otro grande la literatura universal: Joseph Conrad.

El cuento y pensar en El corazón de las tinieblas. Nuestra imagen del narrador británico está condicionada por el celuloide. Un hombre cumple el capricho de una mujer contándole una historia. De la casa al relato. La atmósfera nos invade y sentimos un espacio próximo a la nada que es todo, la ausencia de un suelo firme no es óbice para captar como la precisión quirúrgica del británico consigue centrar nuestra atención en un microcosmos que es el mismo universo. El barco de un capitán tiene miedo. Guerra, dudas. Un objeto en el agua. Niebla. Una nave cercana. El marinero sospecha y leva anclas. Se pregunta y resulta que el capitán de la embarcación es noruego y puede que haya bebido. Borrachera en alta mar. El tiempo bélico exige cuestionarse el cielo y la tierra. En principio no hay nada que indique culpabilidad. El jefe escandinavo cumple los requisitos de la normal neutralidad; aún así el agua parece tener impurezas. La tensión en el relato se manifiesta por valores centrales como la verdad, la mentira y la miseria de la condición humana, incapaz de ceñirse al tomismo más básico. El punto y final desvelará sorpresas que no nos corresponde confesar.

Cómprense los dos volúmenes, lo económico de su precio es un perfecto antídoto contra la pereza consumista, tomen el aire y diviértanse mientras revolotean las ideas y crece su amor por la buena literatura, asequible, llevadera y gastronómica por calidad a la espera del otoño, cuando Alpha Mini se renueve con, entre otros, Mercedes Cebrián, Saki, Vernon Lee y Heinrich Von Kleist, lo nuevo y lo viejo. Buen provecho.


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lunes 22 de junio de 2009

El día del gran susto: Anatomía de un instante en Revista de Letras


El día del gran susto: Anatomía de un instante de Javier Cercas
El 23 de febrero de 1981 tenía casi dos años y, como pueden entender, no recuerdo nada del golpe de Estado que pudo cambiar la historia de España. Sin embargo comparto con la mayoría de los miembros de mi generación el haber visto incontables veces las imágenes de esa cámara de televisión que captó la valentía de pocos, la cobardía de muchos y la desvergüenza de un estamento empeñado en parar las agujas del reloj cuando Clio quería democracia.
Se sienten coño. Si digo la frase estelar del episodio en un bar, la gente reirá. Eso indica normalidad. Muerto Franco, nada quedó atado y bien atado, la reforma triunfó y ahora, aunque disgustados por el indudable cinismo de nuestros políticos, vivimos con la tranquilidad de quien sabe que el orden no se verá amenazado por pistolas y tricornios. El susto de aquel febrero parece historia antigua, pero como no lo es convenía que alguien planteara el debate sobre la, en exceso, institucionalizada visión del lustro posterior a la muerte del dictador. Javier Cercas tiene experiencia en el campo. A principios de siglo recuperó la Guerra Civil, y lo hizo desde la virtud del escritor, ser objetivo subjetivo que con su prosa puede canalizar las ideas hacia otras mentes al no ser una opción ideológica pura, sino simplemente un literato que a partir de un documento audiovisual siente curiosidad y decide ampliar sus conocimientos para poder escribir un libro sin los típicos cortapisas de nuestra sociedad.
Anatomía de un instante, digámoslo para no generar confusión, es un ensayo basado en esas veinticuatro horas en la vida de una nación en peligro. Cercas estructura su obra en función de pequeños cuadros centrados en los primeros quince minutos del golpe. Los protagonistas de ese cuarto de hora son viejos conocidos de nuestra historia. La primera parte del libro prefiere centrarse en los líderes que permanecieron sentados sin ocultarse. El general Gutiérrez Mellado pasó de golpista del 18 de julio a golpeado por sus camaradas, quienes lo acusaban de traidor al impulsar reformas que modernizaban la caduca armada, ya tendremos tiempo de escribirla en mayúscula, y la mermaban para adaptarla a la modernidad en sentido militar. Su comportamiento fue ejemplar. Era un hombre en retirada, característica que compartía con los dos otros héroes de ese lunes. Santiago Carrillo fue la gran esperanza de la izquierda española contra el franquismo. Era el líder carismático, el fumador incansable amado por los suyos y denostado por la derecha, infatigable en atribuirle generación tras generación los crímenes de Paracuellos. El sábado santo de 1977 Adolfo Suárez legalizó al Partido Comunista Español. Los militares se sintieron vilipendiados. Nació la primera semilla del futuro golpe. Carrillo, más republicano que la misma República, cedió en lo fundamental y hasta posó con una bandera monárquica. En las elecciones de junio de 1977 fue derrotado en su campo por el joven Felipe González, inesperada sorpresa que desmontaba la mística del comunismo como principal esperanza de la oposición democrática. Las renuncias de Carrillo le dieron talante de estadista sin ningún tipo de poder real. Ese día, desde las alturas del hemiciclo, consumía nicotina y observaba los bancos azules, donde otro mito resistía.
El 29 de enero de 1981 Adolfo Suárez dimitió. El abulense superó todas las trabas imaginables en su insaciable escalada hacia el sueño del poder. El hombre que sabia hacer fácil lo difícil y difícil lo fácil sucumbió después de largas batallas en las que no se atrevió a luchar contra los molinos de viento. Eran demasiados y muy poderosos. Su encanto personal sirvió para que los residuos del franquismo desmontaran la estructura del régimen. Cuando reinó la democracia, y sintió después de su segunda elección presidencial el placer de sentirse legítimo, las tornas se volvieron ásperas, descarnadas. Gobernar la nueva nave se antojó imposible entre terrorismo, crisis económica y un cuerpo al que le costaba dar sus primeros pasos, coartado como estaba por ruido de sables, ambiciones personales y velocidad de crucero en la imperfecta metamorfosis. A partir de 1980 Adolfo Suárez fue un condenado en la cima de la pirámide, un proscrito desdeñado hasta por su principal valedor: el Rey Juan Carlos I.
Mucho se ha hablado de la importancia capital del heredero de Franco en el camino hacia la conversión de España en una monarquía parlamentaria. En 1976 la corona vio la necesidad de destruir el edificio fascista para sobrevivir. En 1980 la testa coronada sintió que Suárez hundía la flota con su impericia. Los periódicos y la clase política le dieron cañonazos letales, si bien la bomba definitiva fue real y borbónica. Ante el miedo a la reacción militar, Juan Carlos no tuvo ningún problema, mensaje de navidad incluido, en abusar de su posición como Jefe ornamental del Estado para ayudar al acoso y derribo de su otrora chico para todo.
Volveremos a la Zarzuela, donde el 23 de febrero de 1981 esperaba ser recibido el general Armada, adalid de los golpistas, antiguo mentor del monarca, hombre mezquino y ruin como Milans del Bosch, la otra punta de lanza entre los aspirantes a violar la legalidad constitucional desde su nostalgia pasada con el depósito lleno de rabia, iracunda incomprensión ante la indiferencia general por sus víctimas contra ETA y resentimiento crónico al ver el desmantelamiento de su máquina ideal: la dictadura. El ejército planeó bien su estrategia. Contaba con dar un golpe blando que basaría su éxito en tres factores: pasividad de la calle, demostración de fuerza marcial y apoyo del Rey al ver la alfombra ibérica sin sangre. La principal opción de los conspiradores era culminar su pronunciamiento con un gobierno de unidad nacional presidido por el general Armada, ejecutivo plural muy al estilo del cirujano de hierro de Joaquín Costa... en el papel, siempre roto cuando un militar se acuesta con el poder y constata preferir la monogamia. ¿Se acuerdan de Primo de Rivera?
Casi todos los partidos del arco parlamentario, desde el PSOE hasta el PCE pasando por AP de Manuel Fraga, hubiesen formado parte de este gobierno regenerador. Los partidos democráticos, nuestros supuestos ángeles de la guarda que dejaron el Estado libre de cargo ante el ascenso multinacional, jugaron al juego de la ambición para derrocar a Suárez. El 23 de febrero de 1981 el congreso votaba la elección de Leopoldo Calvo Sotelo como presidente. A media tarde hombres armados entraron en el edificio más famoso de la madrileña Carrera de San Jerónimo y pusieron a casi todo el mundo al suelo. Los disparos de Tejero rompieron la estética del golpe blando y lo convirtieron en duro conglomerado de gusto indigesto. Los tiros eran lo que menos quería el aparato dirigente del golpe, convencido de la victoria mediante el respeto a los tanques en la vía pública y lo incruento de su intentona, elementos que deberían decidir al Rey, quien acogería la militarada con alegría al comprobar que Armada solucionaría el entuerto con su candidatura a la presidencia.
Armada quiso ir a la Zarzuela. Le negaron el honor y esperó. En el congreso lo peor había pasado y aún se vislumbraba luz de posibilidad triunfal. La clave consistía en actuar deprisa y alcanzar acuerdos. Una primera embestida de la división Brunete ocupó durante unas horas Prado del Rey, hasta que el monarca decidió emitir un mensaje institucional que calmará a los españoles, pendientes del televisor, hartos de música clásica en la Radio y ansiosos por despertar de la pesadilla involucionista que se mascaba en el corazón de Madrid.
Cuando el Rey emitió su mensaje de apoyo a la Democracia, Alfonso Armada entendía en una habitación del congreso que, salvo un giro radical de los acontecimientos, el golpe no cumpliría sus expectativas. El elefante blanco dialogó con Tejero, le contó la decisión de presidir un gobierno de unidad nacional y el teniente coronel , henchido en su orgullo por su hazaña de pacotilla, no quiso entrar en razón. Su esfuerzo debía servir para instaurar una Junta Militar. Los hombres con traje y chaqueta eran bazofia inútil para tomar las riendas de la situación. Discutieron, gritaron y no llegaron a ningún acuerdo.
Dice la leyenda que en 1874 el general Pavía terminó con la breve primera República a lomos de su caballo, perfecto y vivo acompañante de los negros leones capitalinos. La corona, símbolo de la permanencia y la Unidad de la Patria, no puede tolerar en forma alguna acciones o actitudes de personas que pretendan interrumpir por la fuerza el proceso democrático que la Constitución votada por el pueblo español determinó en su día a través de referéndum, Cinco minutos después del discurso real, Armada abandonaba el congreso. Horas antes habló otra vez con Juan Carlos I y Sabino Fernández Campo. Ambos consideraron una locura su propuesta de ir al congreso para hablar con los secuestradores de los representantes democráticos, pero tampoco podían hacer nada por impedir que llevara a cabo su plan. ¿Y si el principal instigador del pronunciamiento se hubiese salido con la suya? Da la sensación que más que salvar la democracia, el hombre de la honda satisfacción prefirió salvar la corona desde argumentos que defendían el orden constitucional. El contexto y la evolución de los acontecimientos salvaron una complicada efeméride histórica que pudo ir más allá, perjudicando el futuro rumbo del país, que desde sus balbuceos de cambio quería Europa e integrarse en un mundo que durante décadas pareció una odiosa quimera.
Han pasado 28 años desde aquella temible jornada que sacudió tantos cimientos. La base del gigante puede volver a temblar; si lo hace, no será por pistolas y tricornios, lo hará por su caduco planteamiento consistente en venerar lo logrado en el lustro de la transición y no plantearse la exigencia de transformar su estructura socio-constitucional. En poco tiempo hemos asistido a mil transformaciones revolucionarias que sólo pueden apuntalarse si las instituciones se dan cuenta que no es bueno vivir instalados en la placidez del padre fundador que alaba por conveniencia reformas incompletas. El contexto histórico, en eso estamos de acuerdo, no permitía que los vencedores tomaran el relevo de los vencidos. 40 años marcan. Mucho. Se hizo una Constitución de consenso porque no podía hacerse otra cosa, se lograron grandes bienes, idealizados a posteriori, que cumplieron su cometido. En 2009 tengo la suerte de pertenecer a la generación que tiene como imperativo releer la obra de nuestros progenitores y ubicarla en una perspectiva fuera de vanaglorias. España no es Italia, aunque en ocasiones despierto y veo un escandaloso conformismo centrado en la nula crítica al monarca y al pasado que forjó, quizá tan exaltado porque los que montan exposiciones y mandan son los mismos que vieron morir al dictador en su cama. Vivimos en un país de santos que ha olvidado su hálito de justicia. Javier Cercas ha tirado la primera piedra y es nuestra misión conseguir que de ese lanzamiento surjan nuevas punterías que den en el blanco de la crítica racional y permitan desentrañar la oscuridad de pactos de silencio, desmedidas alabanzas y exaltaciones legislativas de quienes también pensaron a lo largo de ese tenso invierno en ocupar el poder sin pensar en el daño que causaban a la democracia, hombres que en octubre de 1982 ganaron las elecciones, hombres que cambiando siglas por populismo abogan sacrosantas defensas de la Carta Magna, cuando en su tiempo no estaban de acuerdo con sus contenidos y creían en nudos gordianos de rancio hedor falangista.

JORDI COROMINAS I JULIÁN


http://www.revistadeletras.net/anatomia-de-un-instante-el-dia-del-gran-susto/

domingo 21 de junio de 2009

Groga homologació en Bcn Week 76


Groga homologació: El Tour de França a Barcelona i la desaparició del peix petit.


“Quan tenia quatre anys, recordo haver fet un viatge en un tren de color vermell fins el primer poble de França. Ara la ment evoca aquelles imatges com si fossin fotogrames, indubtable indici de la manipulació del record, reforçat per ma mare, qui m’explicà que aquella tarda de mitjans de juliol insistia en agafar aquell tren i creuar la frontera, com si darrera d’ella s’amagués un altre món i la paraula França signifiqués la novetat del desconegut...”
(Jordi Corominas i Julián, Colors, Abadia Editors, 2009)



I ara resulta que han passat vint-i-cinc anys i s’ha capgirat la truita. Entre el 9 i el 10 de juliol, el Tour de França creuarà la frontera catalana. El clímax serà l’etapa Girona- Barcelona, esdeveniment que l’ajuntament comtal aprofitarà per omplir de groc el bicing i la ciutat per a commemorar la tercera visita a casa nostra de la prova més mítica de l’esport dels pedals, clàssic antològic que darrerament ha perdut part del seu crèdit pels continus escàndols de dopatge que l’han sacsejat. La premsa ja no parla de proeses i escapades èpiques. Els corredors no tenen presumpció d’innocència, són culpables sense donar positiu. El descrèdit va més enllà del romanticisme. Dues rodes i passió perduda per un esport on abans hi havia mil prestigioses competicions que ara desapareixen o es troben en perill d’extinció per la dinàmica d’un temps on l’economia i la televisió cerquen l’impacte de grans espectacles que generin audiència i beneficis de primera magnitud. Les autoritats prefereixen apostar per cavalls guanyadors. El govern dóna diners als bancs i oblida les necessitats bàsiques dels ciutadans; l’acció del poder amb la crisi és comparable amb el que succeeix al ciclisme, vella dama que perd molts fills estimats davant l’hegemonia del concret. Quan el malestar més que econòmic crida a la porta la salvació s’executa guardant els mobles més representatius, dignes de sobreviure a la restauració per haver aconseguit ser immortals en vida, mentre les petites cadires, potser més nobles però amb esquerdes, van a parar a les escombraries amb l’altra brossa menyspreada per la dinàmica selectiva del dos mil. Homologació camuflada de benestar.
Velles pràctiques caigudes en desús
Esforzados de la ruta. El segle XX abans de la revolució tecnològica global era un racó amb por atòmica que conservava part de la mentalitat decimonònica, on els dies de festa, no existia una forta societat de l’oci, eren pocs. Un d’ells era el pas dels ciclistes. Els pobles s’engalanaven per aquell breu instant amb rebombori, vi i alegria. Catalunya, per les seves condicions orogràfiques, resulta un indret molt adient per a la pràctica del ciclisme professional. L’any 1911 nasqué la Volta, tercera cursa per etapes més antiga de món, tan sols superada pel Tour de França i el Giro d’Itàlia; a diferència de les seves antecessores, la prova blanc-i-verda no fou el resultat d’una operació publicitària per afavorir als patrocinadors, en ambdós casos diaris esportius, sinó la constatació d’un tret específic de la nostra terra: l’associacionisme, forma popular de fer país que exaltava el valor del col·lectiu en el doble sentit d’acció, l’espectacle, i participació ciutadana, el públic. Fins a mitjans dels anys noranta la Volta fou un plat exquisit per a la majoria d’estrelles internacionals. Al seu palmarès figuren el nom dels més grans, i qui escriu recorda emocionat la màgia que suposava veure les figures més importants a Barcelona, Manresa, Reus o Torredembarra.
Aquella època vingué marcada a Espanya per la figura del navarrès Miguel Indurain. Les seves cinc victòries franceses convertiren a l’esport més sacrificat en el segon preferit dels espanyols, oportunistes amb tendència a emocionar-se amb ídols temporals per allò de más se perdió en Cuba. Als noranta ja començàvem a creure’ns algú. Havíem organitzat Olimpíades i Exposicions Universals. La democràcia, amb corrupció, regnava i el país sentia cert orgull per un creixement ràpid després del franquisme, massa fastigosa que revisqué el 18 de juliol de 1959 amb el primer triomf nacional al Tour. Federico Martín Bahamontes serví al règim per vendre la glòria de progrès mitjançant un sospir d’èxit internacional. L’àliga de Toledo ajudà a fomentar afició. El creixent interès pels herois de la ruta permeté fundar noves competicions. Entre 1963 i 1965 l’Esport Ciclista Barcelona encetà la Setmana Catalana i L’Escalada a Montjuïc. La primera es disputava a finals de març i constituïa per molts ciclistes el primer contacte amb la muntanya abans, almenys així fou fins 1995, de la imminent Vuelta a Espanya. Per la seva banda, l’Escalada de Montjuïc era la cloenda del calendari internacional i es corria un diumenge d’octubre. Recordo part de l’adolescència passada pels voltants de l’Avinguda de Maria Cristina, on acabarà l’etapa del proper juliol, corrent a la recerca d’un autògraf o una entrevista. Aquells homes amb jerseis de colors estrambòtics em feren desitjar un univers de preguntes per a entendre més la meravella de motivació, tàctiques, gregaris i escaladors.
Envers la desfeta
L’onze de juliol de 1998 em trobava a Benicarló. Un amic em digué que havien expulsat del Tour de França a tot el Team Festina, prodigi estètic aconseguit mitjançant un sistema organitzat de dopatge que feia als seus corredors bèsties immunes a la canícula de les muntanyes d’estiu, dominadors de mentida amb la sang plena d’EPO. El ciclisme començava a caure dins del pou de la infàmia, on s’enfonsà per les conseqüències que la trampa té a efectes publicitaris. Les principals marques comercials anaren retirant el seu suport econòmic als equips, i el mateix feren els espónsors més importants de les curses, on solia figurar en un lloc d’honor la televisió, presència indispensable perquè assegurava difusió i contractes que asseguraven la supervivència de les curses.
Divendres passat David Barba digué a Donde estás corazón que els periodistes del cor són els nous jutges morals. La seva sentència és oportuna. La caixa tonta suporta pits i culs, però no pot tolerar per ètica i neoconservadurisme imatges en directe de ciclistes, i no importa que els espanyols guanyin més que mai. Amb les drogues, o això sembla, no es juga a la tele, hipocresia barata que es desencadenà amb més embranzida l’any 2005, quan EL PAIS descobrí la malauradament famosa Operació Puerto, trama protagonitzada pel doctor Eufemiano Fuentes, vigilant de vàries neveres amb moltes bosses de sang d’alta gamma ciclista, noms rutilants amb moltes copes a la vitrina del dubte. La transfusió intravenosa es posà de moda. El plasma esquitxà fort. La irrupció de campions hispànics en altres esports– Alonso, Gasol, Nadal– facilità la purga, incrementada per la creació de l’UCI Pro Tour, circuit internacional que reuneix les millors curses. Moltes, no dolentes però amb menys recursos, hagueren de tancar la paradeta, i entre les damnificades troba un lloc d’honor la Setmana Catalana. Anys enrera havia sigut una princesa gustosa però l’any 2006 no pogué resistir el vendaval i morí per la impossibilitat d’assolir el pressupost necessari per a mantenir els estàndards de qualitat habituals de la cursa, quelcom que patí dos anys més tard l’Escalada a Montjuïc. De cop i volta, les proximitats de l’infaust castell, amb les seves rampes properes al 20% de pendent, es veieren orfes d’espectadors, mortes d’ànima quotidiana, lloc inert enmig del marasme. La Volta s’ha salvat in extremis gràcies a l’aportació de la secretaria general d’esport de la Generalitat, generosa al considerar la prova com una eina de projecció vàlida per a potenciar la imatge del país a l’exterior. El mateix pensa el consistori barceloní del Tour de França. “a Barcelona sabem el que és aprofitar un esdeveniment esportiu per a promocionar-nos en el món, ho hem fet altres vegades”. Mig milió d’euros per vint-i-quatre hores sobre rodes. “És la millor inversió que podem fer, un cost irrisori per a nosaltres. Aportem bona part en espècie, en la gent per a l'organització. És una gran inversió, un cost molt petit" Promoció de la bicicleta? "La bicicleta té un paper creixent en la mobilitat de la ciutat, que és densa, mediterrània. És un sistema de mobilitat important, més de 165.000 ciutadans la utilitzen quotidianament. Això ha estat una petita gran revolució en la nostra ciutat". Jordi Hereu dixit.
Convé posar-se taps a les orelles quan la maquinària publicitària de l’Ajuntament parla d’una urbs innovadora. La vinguda del Tour és una metàfora vàlida per explicar l’actuació del poder en altres àmbits, on s’apodera del patrimoni popular sota la màscara de l’amor a les arts i al ciutadà. Fa poc es celebrà a la nostra ciutat el Primavera Sound mentre el mateix cap de setmana moltes sales es veien obligades a clausurar les seves activitats musicals per no complir amb certs requisits d’insonorització. El cost l’ha de pagar el propietari del local, doble perdedor que veu alterat l’estil del seu somni sense rebre cap tipus de subvenció. No s’estima la novetat ni el risc, falsejat per proclames institucionals i activitats unilaterals que foragiten veus alienes, contràries a l’apropiació del patrimoni de tots per uns pocs que porten trenta anys instal·lats a la seva butaca de teòric progrés i fama internacional. Parc temàtic, banalització de l’espai urbà. L’associacionisme no interessa. La desaparició de les petites voltes ciclistes és un símbol sòlid de l’adéu d’un món saquejat per premisses destinades a la unitat, on les veus amb timbres plurals no poden ni sonar el clàxon pel pes suprem del tirà que tot ho acapara sota brillants teles de burla democràtica.

JORDI COROMINAS I JULIÁN